Siempre he pensado que hay algo extraordinario en la capacidad de imaginar aquello que todavía no existe.
Un color puede cambiar la forma en la que percibimos un espacio.
Una composición puede hacer que nos detengamos.
Una imagen puede despertar una emoción.
Y una idea, cuando encuentra la forma adecuada de expresarse, puede transformar por completo la manera en la que vemos algo que antes pasaba desapercibido.
Eso es lo que siempre me ha fascinado de la creatividad.
No se trata simplemente de hacer algo bonito. Se trata de observar, imaginar, experimentar y encontrar esa combinación de formas, colores, imágenes, palabras y sensaciones capaz de convertir algo cotidiano en algo que te invite a mirar una segunda vez.
Algo que consiga captar tu atención.
Que despierte curiosidad.
Que transmita algo incluso antes de que hayas empezado a leer.
Y, sobre todo, que consiga hacerte sentir.
Para mí, diseñar es precisamente eso: darle forma a una idea y convertirla en una experiencia.
Desde pequeña siempre me he sentido atraída por todo aquello que pertenece al mundo creativo. El diseño, el arte, la imagen, la tecnología, la estética, la imaginación… siempre he encontrado una forma de expresarme a través de ellos.
Con el tiempo entendí que esa curiosidad no era solamente una afición. Era mi manera de interpretar el mundo.
Por eso terminé encontrando en el diseño web un lugar donde todas esas inquietudes podían encontrarse.
Aquí puedo combinar creatividad y tecnología.
Estrategia e imaginación.
Diseño y emoción.
Puedo empezar con una idea que existe únicamente en mi cabeza y terminar convirtiéndola en algo que otra persona puede ver, recorrer y experimentar.
Y quizá esa sea la parte más fascinante de todo.
Crear es hacer visible lo que antes solo podíamos imaginar.
Por eso elegí este camino.
Porque todavía me sigue fascinando la magia de coger algo que podría pasar desapercibido y preguntarme:
¿Y si pudiéramos convertirlo en algo imposible de ignorar?